viernes, 12 de junio de 2015

Capítulo 8: Desde lejos





Capítulo 8
Desde lejos



PETER
Desde lejos la observé. Estaba en el ante jardín de la casa mientras el camión de mudanza daba las órdenes para comenzar todo.
Había llegado hace una hora y la encontré sellando las últimas cajas. Al parecer ya no había vuelta atrás, y con solo recordar lo que sentí el día que me lo dijo, se me estremeció el alma sin una explicación lógica.
Dije que la apoyaría y es por eso que estaba allí, pero una pequeña parte de mí se removía inquieta hacía cuatro meses, cuando tomó la decisión.
Cerré los ojos mientras le daba una calada a mi cigarrillo y volví a aquel día.

―Ya lo he pensado ―me dijo acomodando con delicadeza uno de sus mechones por detrás de la oreja derecha. Escondió la mirada y supe que ya había encontrado la forma de volver a empezar.
¿Qué iba a hacer? Con la nostalgia anticipada por lo que significaba que ni ella ni los niños estuvieran en mi día a día, me acerqué despacio para aferrar una de mis manos a la mano izquierda que descansaba a un costado de su taza humeante, la cual contenía uno de los cafés más dolorosos que hemos compartido. Uno de los tantos después de que John se fue.
―Fui a verlo ―pronunció al descubrir mi mirada perdida en esa casa que alojaba tantos momentos.
―Yo también he ido un par de veces. Extraño esas conversaciones que teníamos, en donde nos proponíamos cambiar el mundo. ―Sonreí a la vez que le confesé que seguía necesitándolo, lo que no le dije fue que al irse ella también, la melancolía volvería para asecharme con mayor violencia.
―Te voy a extrañar, Peter ―susurró a la vez que con su otra mano atrapó por completo la mía, esa que la retenía pero que a la vez le infundía fuerzas para que se fuera.
La miré y sonreí. No dije nada, nada de lo que dijera lograría hacerla cambiar de opinión y si eso llegase a ocurrir, no me lo perdonaría nunca. A Marlen le había costado levantarse, más aún enfrentarse a su temor de volar y de empezar una vida sin John. No, no podía ser egoísta y gritarle que por alguna razón que no terminaba de comprender, la necesitaba allí conmigo. Que ella me mantenía en pie porque sabía que me necesitaba para ella también estarlo. Nos necesitábamos, la necesitaría.

―Peter, ¿Me ayudas a bajar unas cajas de la habitación de los niños? ―Abrí los ojos en cuanto la escuché, me giré y la vi sonriendo. Ella estaba bien, pocas veces la veía llorar y eso por lo menos me tranquilizaba.
―Claro ―respondí al instante que aplasté la colilla de cigarro y entré a la casa.
La seguí hasta la habitación en la que Sara terminaba de vestir a los pequeños. Les acaricié la cabeza y mientras Marlen le indicaba a niñera que ya partían al aeropuerto, jugué con ellos. Los iba a extrañar, en eso no había dudas.
Jamás me he querido comprometer con nadie porque no me gusta iniciar lazos que de un momento a otro se pueden romper. Sin embargo, con Marlen, John y los niños, estreché una relación que me hacía sentir dependiente de su compañía. Mi vida y mi mundo prácticamente giraban en torno a ellos. No tenía ni la menor idea de lo que sería de mí cuando cruzaran esa puerta y la cerraran para siempre.
Recorrí cinco veces el trayecto desde la habitación de los niños hasta el camión de mudanza que llevaría todo hasta un conteiner en el cual se llevaban más que objetos.
Los niños ya estaban sentados en sus sillitas de auto, Sara les ofrecía su biberón y los de mudanza estaban cerrando el camión. Yo decidí ver todo ese panorama desde la ventana de la que había sido la habitación de John y Marlen.
―Ya tengo que cerrar ―Por el reflejo de la ventana pude ver que estaba detrás de mí, con la vista fija en sus manos y casi podía oler la misma tristeza que llevaba yo. Era inevitable, era casi parecido a lo que sentí cuando John... nos dejó para siempre.
―Prométeme que me llamarás ―solicité escondiendo mis manos en mi chaqueta, tenía que esconderlas antes de usarlas para retenerla.
―Te lo prometo. No creas que me voy a olvidar de ti, Peter. Ya te lo he dicho, eres muy importante para mí y los niños.
Cuando escuché el temblor de su voz, no aguanté más y me giré para mirarla a los ojos.
―¿Sigues con esa idea de que no te lleve al aeropuerto?
―No me gustan las despedidas.
―Aquí o allá, nos tendremos que despedir ―contraataqué a su justificación.
―Déjame... hacerlo a mi manera, por favor. ¡Vamos! Que nos volveremos a ver. ―Sonrió intentando ocultar en la curva de sus labios, las lágrimas que se le agolpaban en los ojos―. No me pongas más nerviosa, ya suficiente estoy con saber que tendré que viajar tantas horas sobre un avión. Sabes que los odio.
No, no lograba ocultar esa pequeña preocupación que se le escapaba por el temblor de su voz. Extendí mis brazos y la refugié tanto como pude. Entregándole incluso las pocas fuerzas y la casi nula entereza que me quedaba al verla partir. La verdad es que nunca sabré si la abracé para consolarla o para consolarme.
―Te voy a extrañar. ―Volvió a repetir  mientras sorbía su nariz. Sabía cuán difícil era irse, pero también conocía muy bien cuán doloroso era quedarse. Eso lo sabíamos tanto Marlen como yo―. No he dejado de llorar desde que comencé a hacer las maletas y quité cada recuerdo de aquí.
―Vamos ―dije con la voz ahogada. Puse mis manos sobre sus hombros y la guie, bajando las escaleras, hasta la salida de la casa.
La vi tomar aire, secarse las lágrimas mientras que con su miraba inspeccionaba por última vez su hogar. Una que otra vez su rostro se volvió dulce, pero muy cerca de la escalera, sus ojos se detuvieron y un destello de desolación se apoderó por completo de sus expresiones. Y entonces recordé que allí, en donde su vista se había posado dulce para luego distorsionarse en una profunda tristeza, habían estado los globos de bienvenida para John.
Y luego una punzada también me dominó a mí cuando a mi mente vino la imagen de ella con el alma hecha pedazos en el piso, rodeada de todo aquello.
―No te martirices más ―sugerí. Insisto, no sé si los consejos eran para ella o para mí. Me miró, se puso de puntillas y besó mi mejilla de forma fugaz. Me paralicé hasta que sentí que una de las lágrimas que habían rodado por sus mejillas, también había dejado rastros en la mía.
―Gracias. ―Tomó mis manos y me mantuvo la mirada. ¿Esperaba que allí me despidiera? ¿Quería dejarme allí, donde dejaba todos los recuerdos de la vida de la cual ese día se estaba despidiendo? ¿De eso se trataba?
―No lo hagas ―le dije sin pensar. Me miró confundida. ¿Qué le estaba pidiendo? ¿Que no se fuera?
―¿Cómo?
―No me dejes encerrado aquí como si me quisieras dejar también en el pasado. No lo hagas. Deja que te despida como lo hacen los buenos amigos. Aprovechando hasta el último minuto, para que el tiempo sin verte sea menos extenso.
No dijimos absolutamente nada. Ella se apartó unos centímetros, volviendo a poner distancia entre los dos. Tomó la manilla y supe que era el momento de irme. Caminé sin mirar atrás hasta el auto en donde los niños descansaban. Lamenté no haberlos cargado más tiempo entre mis brazos. Sara salió del auto y me permitió tener unos últimos minutos de intimidad con ellos. Eran como mis hijos y me los estaban arrebatando. Aunque no tuviera ningún derecho, me dolía sobremanera.
―John, Mark, tienen una misión ―les dije muy bajito. Eché un vistazo al exterior y vi a Sara conversando con Marlen.
Los niños, por supuesto no me entendían. O sí. Sus ojitos se clavaron en mi boca, aparentemente atentos a lo que saldría de ella.
―Deben cuidar de mamá. Su padre me lo pidió a mí y yo se lo pido a ustedes. Cuídenla porque yo estaré lejos.
La atención que me habían puesto se esfumó en cuanto un juguete fue más interesante que yo. Simplemente sonreí y les besé la coronilla.
―Sean buenos chicos y díganle a mamá que me envíe fotos para ver cómo van creciendo.
―Pepepe... ―entonó de forma cantarina Mark.
―Papapa ―le siguió John y yo me paralicé.
―¿Qué dijiste, John? ―Le pregunté tomándole ambas manos y acercándome lo que más podía. Él no me miraba, tenía la vista absorta en una luz brillante que navegaba por el techo del auto, producto del sol y algún material reflectante.
Un golpe en la ventanilla terminó con el momento y... con el dolor de mi alma volví a besar por última vez a los pequeños. Descendí y Marlen me esperaba.
Me llevé las manos al pelo, luego miré a Sara. Iba a abrazarla y entonces Marlen me habló:
―¿No dijiste que había que disfrutar hasta el último momento? ―Aquello fue un pequeño alivio. Me volví y no reprimí ningún abrazo, la hice girar en el aire y luego al ver su gesto me arrepentí, temeroso a que se retractara.
―Perdón...
―Bien, vamos... es tarde.
Me concedieron la oportunidad de irme atrás, con los chicos. Manejó Sara y Marlen se volvía cada tanto para ver cómo los pequeños jugaban con su tío.

En cuanto llegamos al aeropuerto, una persona de la agencia de viaje y una encargada de la academia de Yoga esperaban a Marlen y Sara. Les di su espacio y me concentré en disfrutar a los bebés. Reían y lloraba, ajenos a todo lo que estaba cambiando su vida. Ajenos al dolor que causaba alejarse de lo que más se quiere. Ajenos a la impotencia silenciosa que llevaba en la sangre.
El tiempo pareció escurrirse entre mis dedos y el llamado a abordar fue inminente. Apresé entre mis brazos a los niños de forma alternada. Abracé a Sara y le susurré que ante cualquier cosa, no dudara en llamarme. Después fue el turno de Marlen.
Le tomé las manos, las tenía frías y le temblaban. Yo también temblaba pero no de frío. Le miré unos segundos en silencio y luego, con sinceridad, le expuse:
―Me enorgullece cómo te has levantado. Vas a ser muy feliz, Marlen. Tus hijos serán tu motor, y tanto John como yo estaremos velando por ti, de distintos lugares, pero por ti.
Marlen hizo un movimiento para apartar su melena y a pesar de que las lágrimas le anegaban el rostro, se mantuvo mirándome, entrelazando mis dedos. Mi corazón se aceleró de forma indescifrable y llevé una de mis manos a su mejilla empapada.
Soltó la única mano que la mantenía atada a mí y rodeó con cariño mi cintura. Descansó su rostro en mi pecho y temí que escuchara mis latidos que golpeaban mi pecho para pedirle que se quedara. Pero entonces, lo que parecía una carrera galopante en mi interior, se detuvo cuando escuché salir de su boca dos palabras.
―Te quiero.
Se alejó, la vi irse y caminar junto a Sara y los niños.
Lo último que escuché de ella fue la frase que en todos los años de amistad jamás me había dicho. Lo último que vi fue su sonrisa tímida cuando su cabeza se giró para comprobar que yo aún seguía ahí, viendo cómo se iban y yo no podía hacer absolutamente nada.

Desvié mi mirada del sector de Policía Internacional, para dirigirla al techo y buscar las fuerzas para ahora, también reconstruirme yo.



18 comentarios:

  1. Ufff!! Vale. Me hiciste lagrimear por Peter. Qué despedida. Y ese "Te quiero" quiero que tenga consecuencias. ¿La captas? Jajajajaa!! Re enganchada estoy! Te felicito!!

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  2. Me lo advertiste y siiiii lloré y sentí esa tristeza junto a Peter...yo también quiero consecuencias y muy buenas de ese "Te Quiero" !!!

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    1. Graaaaaaaaacias por leerloooo <3 <3 <3 Ya conoceremos las consecuencias!!!

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  3. Ufff pobre Peter. Cuanta tristeza bueno esperemos el Otro sábado .para saber como sigue

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    1. A ver si puedo darles una sorpresita antes <3
      Gracias, Alba!

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  4. OMG......Valeria que manera de hacerme llorar,que pena por el pobre Peter y toda la tristeza que sintio cuando se fue Marlen,sufri junto con el y ese "Te Quiero" antes de partir me dejo ansiando el proximo capitulo de forma desesperada,gracias Valeria eres una genia escribiendo!!!!

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    1. Feliz de que el capítulo te llegara tanto!!!
      A esperar qué viene después de un "Te quiero" :D
      Gracias por leerlo!

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  5. "Te quiero"...eso significa tanto... para Peter es más de lo que se habría imaginado... acaso una esperanza? ...Uy Vale como nos enganchas con esta historia... gracias!

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  6. Ong. Pobre peter, y le dijo papa omg.... Sii que tenga consecuencias ese te quiero

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  7. Ufff no me alcanzan los klinex!!! Peter sale en el próximo vuelo...por favor... El tiempo dirá no? Y ese te quiero" también

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  8. Ayyy una despedida y un nuevo comienzo. La pregunta es que significa ese "te quiero".

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  9. No es justo que me hagas llorar tanto... Ese te quiero me partió el alma....

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