Capítulo 13
Despertar con ella
Valentín
Una sensación de paz envolvía todo en mi sueño. No lograba ver a la persona que guiaba mi camino aferrándome a su mano, pero yo la seguía, seguro de que era lo correcto. No era primera vez que tenía ese sueño. No era la primera vez que dejaba que alguien hiciera en mi vida un paréntesis. Por ejemplo, durante un año antes de decidirme a publicar el libro que había escrito para enterrar entre letras mi historia con Antonia, tuve sueños en los que tenía sesiones con una psicóloga. Nunca la vi, ella permanecía siempre en altura, en una especie de pedestal, pero le contaba cómo había sido mi vida junto a ella, de principio a fin. No me atreví a publicar la verdadera historia. Les inventé un final feliz.
No tenía con quién hablar sobre lo que había pasado. Mi único amigo me había traicionado con quien sería mi esposa, el mismo día de la boda. ¿A quién le reclamaba si ella había muerto en el accidente que protagonizaron en su escape y él… había perdido totalmente la memoria?
Pude haberlo abandonado en medio de su propia tragedia: inválido y sin recordar absolutamente nada de los últimos años. Pero él estaba solo y aunque mi trato nunca más fue igual… lo ayudé, y lo sigo ayudando hasta el día de hoy. Al principio con ahorros, pero eso se acabó. Y ahí fue cuando apareció la psicóloga, ese ser invisible que me escuchaba atento y que a la vez me daba un respiro. La última vez que la soñé, fue el mismo día en que puse punto final a la historia y decidí que la publicaría. Me costó decidirme, pero necesitaba dinero… y ahí nació Valento Ruminó.
Ahora, la psicóloga ha dejado el pedestal para acercarse a mí, aún no veo su rostro pero siento el calor de su mano guiándome hacia una puerta, una salida. Un resplandor encandila mis ojos y hace que automáticamente los cierre. Para cuando los abro, ahí está ella. Su rostro angelical descansa sobre la almohada, y su mano se entrelaza a la mía sobre mi abdomen. ¿Rafaela?
Pestañeo varias veces. Era un sueño más, pero por primera vez ella está junto a mí cuando despierto de ese tipo de sueños. Extraños, inexplicables, pero sueños al fin y al cabo. Dejo mis pensamientos de lado y me dedico a observarla.
«Pobre, debe estar cansada», pienso al recordar todo cuánto hemos vivido durante las últimas horas. Recorro con mi mirada su torso a medio cubrir con la sábana, su brazo que sube y baja mientras respira y con él, mueve mi mano que permanecía unida a ella. Uno, nos habíamos vuelto uno. Sus pequeños y delicados dedos se pierden en mi gran palma. Pero en realidad, el perdido soy yo. Yo me perdía en cada centímetro de su piel, esa que había disfrutado durante la noche y si no fuera porque temía que esa tranquilidad se viera perturbada por su alocada forma de ser, la habría despertado para continuar amándola.
No quería ni siquiera respirar para que sus ojos continuaran cerrados, acariciando con las pestañas sus ruborizadas mejillas. Moría por besar esos labios entreabiertos que cada tanto sonreían entre sueños. ¿Estará pensando en mí? ¿Estará ideando formas de volverme loco? Porque yo ya estaba loco por ella, en todos los sentidos. Me enamoraba su risa, me desesperaba su forma de ser y caía rendido a la sensual forma de amar. De solo recordar que la pensé virgen, largo una carcajada que echa por tierra mi intención de no despertarla.
―¿De qué te ríes, Valento? ―dice aún con los ojos cerrados mientras suelta mi mano y se cubre aún más con la sábana, quitándome su calor.
―Sh… De nada. ―Intento que se acurruque a mi lado, y lo hace, apoyando su cara en mi torso.
―No mientas… ¿Qué estás pensando? ―Vuelve a decir con sus ojos intentando abrirse para mirarme. Y me regala su azul verdoso y luminoso. Me regala la plenitud de su sonrisa y yo, sin explicación, la atraigo más a mí y sin pensarlo, me confieso.
―Te quiero, dormilona.
Siento cómo retiene su respiración. Y yo también detengo la mía, a la espera de una respuesta, ya sea verbal o gestual. Quiero algo de ella, que me diga que no he sido un tonto al desnudar al completo lo que siento. Con el correr de los segundos o minutos, me arrepiento de haberlo dicho. Es muy rápido, hasta ayer nos odiábamos y ahora le digo que la quiero. Me quedo pensando: ¿De verdad nos odiábamos? Porque si lo pienso, hice de todo por tener su atención, y ella también.
―Dime algo, por favor ―ruego, besando su coronilla.
―Tengo hambre. Hay que levantarse para ir al supermercado. ―Me suelta, arrastra consigo la sábana y camina por la habitación. Está seria e intenta ocultar su mirada en su maleta, sacando y sacando prendas.
Me levanto desnudo, orgulloso de mi virilidad. Sonrío ladino, sabiendo que he captado la atención de quien se esmeraba con esconder su mirada de la mía. Bien, ahora creo que ella solita ha llevado sus ojos a mi entrepierna.
―¿Te duchas conmigo? ―pregunto alzando las cejas. Está conmovida, su expresión dejó de tener deseo para pasar a una de… ¿timidez? Se ha vuelto a ruborizar y noto cómo mueve los dedos de sus pies sobre la madera oscura de la habitación―. Ven, no haremos nada que no quieras… ¡Vamos, que ya lo hicimos todo! ―Río mientras le estiro la mano―. ¿Estás avergonzada?
―¿Para dónde vamos con esto, Valentín? Ayer fue por una apuesta… hoy me dices que me quieres y ahora…
Respiro al escucharla. Y la verdad es que yo también estoy confundido. Una cosa es pasarlo bien entre dos adultos y otra muy distinta es involucrar sentimientos. Y yo fui el primero en involucrarlos en esta relación. ¿En qué pensé cuando le dije que la quería? No pensé… sentí. Y me maldigo por ahuyentarla.
―Dime, Valentín. Dime si esto es un juego o… ―Baja la mirada y sostiene con ambas manos la sábana que la cubre. ¿Podría pasarme un poquito, no? Aquí, casi a punto de declararme y desnudo… me siento en desventaja.
Tomo una toalla que hay colgada y la envuelvo en mi cintura, ella me sigue con su mirada, extrañada.
―Bien, ahora podemos hablar. ―Me acerco hasta aferrar sus hombros con mis manos y mirarla a los ojos―. Te quiero, aunque… no debí decirlo. Perdón si eso… ―Suspiro, intentando encontrar las palabras adecuadas para que sepa que hablo en serio, pero que no la espanten―. Si quieres que esto siga siendo algo sin…
―Valentín, no te estoy entendiendo. No es tan difícil decir si esto para ti es un juego o de verdad sientes lo que dices sentir.
―Te quiero ―recalco―. Tú y yo somos adultos, lo pasamos bien y podría ser igual que otras conquistas que he tenido. Porque las he tenido…
―No entres en detalles ―interrumpe Rafaela y yo le doy la razón.
―En fin, te quiero. No para una noche ni para usar esta tregua en beneficio de mi carrera. Te quiero a ti, con tu derecho y revés. Te quiero arriesgando lo poco que quedó de la última vez que entregué el corazón.
Dios, se me había olvidado lo que era abrir las compuertas que mantenía cerradas. Pero todo lo dicho es verdad. Quizás aquel sueño me ayudó a ver dónde estaba mi salida… y es ella, es Rafaela quien me permite despertar.
Dejo de pensar en lo que siento y me concentro en mirar su reacción. Sus ojos están húmedos, pero su mentón continúa rígido. Podría apostar que está apretando los dientes para no demostrar ningún tipo de expresión. No es necesario, puedo leer sus ojos o por lo menos eso creo. ¿Está asustada?
―¿Qué pasa, Rafa? ―susurro, deteniendo con uno de mis pulgares la lágrima que intenta escapar por el rabillo de su ojo.
Veo cómo traga su nudo de emociones por la garganta y bajo el pulgar hasta su cuello, acariciando su angustia sin dejar de mirarla.
―¿Dónde dejaste al petulante? ―Es lo primero que dice y yo sonrío.
―Creo que hemos empezado muy mal. ―Retrocedo, enderezo todo lo que puedo mi cuerpo, pero a la vez intento parecer relajado y le estrecho mi mano―. Mucho gusto, soy Valentín Díaz. Contador de profesión, Escritor y petulante por necesidad y un hombre que está dispuesto a quererte. De verdad. ―Espero inquieto que ella también se presente y que sus ojos no sigan acumulando lágrimas que no entiendo.
Rafaela
Era imposible retener las lágrimas, por más que lo intentaba, allí estaban, esperando por una palabra más de él para que salieran a borbotones. No podía creer que mí Valentín, estuviera ahora, en carne y hueso, diciendo las palabras precisas para hacerme creer que los sueños sí se pueden hacer realidad. Que volverme una tonta romántica gracias a él no era tan descabellado después de todo. Él me quería, lo había dicho. ¿Y yo? Lo amaba. Pero ya el "te quiero" parecía un océano entre ambos. Desde que lo conozco, nos estamos pisando la capa de superhéroes que ambos nos auto impusimos... y hoy, completamente al desnudo, hemos bajado nuestras barreras.
Así que su apellido es Díaz. Se presentó como el hombre común y corriente que es y no como el arrogante que demostró ser cuando dijo que yo no estaba a su altura.
Noto que espera por algún tipo de respuesta. ¿Qué decirle? ¿Cómo hablarle de lo que yo siento? ¿Cómo se le explica que lo mío sobrepasó los límites de la realidad? Algo enigmático nos unió. ¿Para siempre? No lo sé.
Siento su mirada perforando cada una de mis dudas, atravesando mis pupilas para rebuscar en este corazón que le rehúye por temor. Cierro los ojos, volviendo a poner barreras entre los dos. Él se acerca y puedo sentir su respiración agitada sobre mis labios.
―Dime algo, por favor. ―Y suena a ruego.
Su ternura me traspasa y yo intento balbucear que siento igual, que por más que me vuelva loca su forma de ser, hay algo en él mucho más fuerte que me mantiene atenta a cada uno de sus movimientos. Él me sonríe y yo le devuelvo el gesto.
―Para algunas cosas tienes lengua afilada y para otras, como estas, te quedas muda ―me reclama en tono burlón, haciéndome sonreír. Aclaro mi garganta y finalmente pronuncio lo que espera.
―También te quiero, Valentín. Pero no te pases de listo. La ducha es mía. ―Le quito la toalla que lleva puesta, suelto la sábana que me cubría y corro hacia el pequeño baño.
Queda apoyado en el umbral, viéndome desaparecer tras una puerta. Y yo, al cerrarla, elevo los ojos al cielo agradeciendo la realidad que me ha regalado. Y que espero, no sea un sueño.
Dejo la puerta sin picaporte para que él ingrese cuando unos golpes en la puerta interrumpen lo que pienso y sonrío a la par que me introduzco en la bañera, la cual se llena poco a poco.
―¿Quién es? ―pregunto traviesa.
―Servicio de habitación... ―responde ironizando―. Soy yo... ¿puedo entrar?
―Me estoy bañando...
―Por lo mismo, ¿puedo entrar?
―Me gusta Valentín Díaz, es caballero y hasta se detiene a preguntar si puede invadir en mi espacio. ―Termino de dejar caer esencias en la bañera cuando él abre, impaciente, la puerta―. ¡Qué rápido se fue Díaz y volvió Ruminó! ―digo resoplando y mirándolo de pies a cabeza.
Está desnudo. Me alegra que haya entrado sin permiso... Las sorpresas me gustan y él viene con una que promete entretención acuática. Me quita la diversión en segundos, cubriéndose con la toalla que antes le arrebaté.
―Aburrido... ―le muestro la lengua mientras recorro mis brazos con la suave espuma que ya se ha ido formando.
Él, se sienta en silencio en el borde de la bañera y apoya una de sus manos en mi hombro. Lo miro, sin entender qué es lo que quiere y me lo aclara luego:
―Lo que te dije allí afuera es cierto, Rafaela.
―Y lo que te dije yo, también. Esta es mi ducha, así que fuera de aquí ―digo con una enorme sonrisa, bajándole el perfil a su declaración.
―Rafaela, hablo en serio…
―Y yo… Tú me quieres y yo quiero una ducha… ―Noto que quizás no darle la importancia que merece su declaración puede herirlo, así que me retracto.
Me incorporo, quedando de rodillas frente a él y llevo una de mis manos a su rostro, acaricio con cariño la barba que se le ha comenzado a formar y, mirándolo fijamente, le aseguro:
―También te quiero, Valentín Díaz. Ruminó saca lo peor de mí, pero Díaz me recuerda a… ―Me obligo a callar para no confesarle que he soñado antes con él y que no me crea una demente―…Los dos, cada uno, me vuelve loca de distintas maneras y a la vez, por igual. Ha sido todo muy extraño desde que te conocí. Y si doy un paso al frente contigo, no lo hago por fama ni por juego.
Él no dice nada, solo siento cómo sus manos van de mis hombros a mi cuello, inmovilizándome para luego besarme. Siento su cálida lengua invadiéndome y mis manos quieren retenerlo. Él se levanta, sosteniéndome por los brazos, llevándome con él. Quedamos frente a frente, él fuera de la bañera y yo dentro. ¿Volver a la cama o amarnos en un reducido espacio?
Nos mirábamos con las respiraciones agitadas, a la espera de que uno de los dos diera el primer paso. Es él quien introduce un pie primero y luego otro. Aferra sus manos a mi cintura y en un rápido movimiento me sienta sobre sus piernas. Es un segundo, un pequeño momento en que el tiempo se detiene para los dos. Podría decir que durante este instante no respiramos. Poso mis manos en su torso, y mi palma derecha es testigo de sus latidos que arremeten fuerte. Miro mi mano sobre su pecho y él sigue mi mirada.
―Es real… ―susurro más para mí. Busco sus ojos, los cuales se concentran en mis dedos que acarician su piel.
―Es real… ―Afirma, para luego tomar por asalto mi boca, recorrer mi piel, quemándola con su roce, a la par que con sus manos sigue los movimientos pausados de mi cadera.
El agua continúa cayendo sobre nosotros, que sonrientes, nos perdemos en los ojos del otro.
―Si no nos levantamos ahora, tendremos que comprar para la cena y no para el desayuno ―me dice.
―No importa, tenemos todo el tiempo del mundo… ―Me enredo en su cintura y descanso mi mejilla en el lugar donde se escuchan sus latidos, aún furiosos por lo que acaba de ocurrir.
Todo el tiempo del mundo… Qué bien suena y qué lindo se siente cómo él respira mientras me envuelve con sus brazos. Lo quiero, claro que lo quiero.

Waooooo waooooo waooooooo que es esta delicia.....amor y sensaciones....que felicidad! BRAVO!
ResponderEliminarAyyy que precioso capitulo!! Bajaron la guardia, espero que dure,que lindo Valentín se declaro primero.
ResponderEliminarY Rafa teniendo un poco de miedo lo hizo tambien. Ahora hay que esperar que todo continue asi de bien
Genial!!!!! Nunca espere la reacción de Valentín, me sorprendió bien. Las reflexiones de los dos son increíbles.
ResponderEliminarFelicitaciones Vale!!!! Una historia genial....
Solo esperamos que no demores el 14. Jajajaja
Joder Vale precioso capítulo....no esperaba que se declarara tan pronto pero me encantó....estoy enamorada de este hombre....enhorabuena por esta hermosa historia
ResponderEliminarJoder Vale precioso capítulo....no esperaba que se declarara tan pronto pero me encantó....estoy enamorada de este hombre....enhorabuena por esta hermosa historia
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